El ecfrasista explora los límites del arte con inteligencia artificial generativa

Un artículo reciente ha desempolvado un término literario especializado, la ecfrasis, para plantear una reflexión profunda sobre la creación artística en la era digital. Esta práctica, que consiste en la descripción verbal de una obra de arte visual, encuentra un espejo fascinante y algo inquietante en las capacidades de la inteligencia artificial generativa. Mientras el ecfrasista humano interpreta, siente y traduce, los modelos de IA analizan, sintetizan y generan. Este paralelismo no es solo una curiosidad académica; es una lente poderosa para examinar cómo estamos redefiniendo la creatividad, la autoría y la percepción misma del arte.

La ecfrasis tradicional frente al ojo de la inteligencia artificial

Durante siglos, la ecfrasis ha sido un puente entre disciplinas. Un poeta describe un cuadro, un novelista detalla una escultura, creando una nueva obra a partir de la interpretación subjetiva de una original. Este proceso es profundamente humano: implica memoria cultural, carga emocional, contexto biográfico y una intención estética clara. La descripción no busca ser una reproducción fiel, sino una recreación cargada de significado.

El mecanismo generativo: análisis vs. interpretación

Alimentamos a un modelo de inteligencia artificial con la descripción de «un reloj derritiéndose sobre un paisaje desolado». En milisegundos, cruza miles de imágenes etiquetadas con textos similares en su conjunto de datos y genera una visualización. No interpreta el simbolismo surrealista de Dalí, ni conecta con la angustia existencial de la época. Su «creatividad» es un cálculo estadístico sofisticado. Este contraste fundamental plantea la pregunta: ¿estamos ante una nueva forma de ecfrasis automática, o ante un simulacro técnicamente impresionante pero vacío de intención?

  • La ecfrasis humana: intención subjetiva, contexto cultural y emocional, creación de un nuevo significado.
  • La generación por IA: procesamiento estadístico, síntesis de patrones existentes, resultado sin conciencia de su significado.

El trampantojo digital y la crisis de lo auténtico

El artículo original habla de «trampantojo», una ilusión óptica que engaña a la vista. La IA generativa crea el trampantojo definitivo: obras que parecen provenir de una conciencia creativa pero que son el producto de un algoritmo. Esto tiene un impacto tangible en campos como el patrimonio cultural. En España, instituciones como el Museo del Prado o el Museu Nacional d’Art de Catalunya podrían usar IA para generar descripciones ecfrásticas automáticas de sus fondos, o incluso recrear visualmente obras perdidas a partir de descripciones históricas.

Oportunidades y riesgos en la conservación del patrimonio

La tecnología ofrece herramientas increíbles. Imagina introducir los fragmentos de textos que describen el desaparecido «Retrato de Gaspar de Guzmán» de Velázquez y obtener una propuesta visual. Proyectos europeos ya usan inteligencia artificial para reconstruir frescos dañados o colorear fotografías antiguas. Sin embargo, el riesgo es la banalización y la creación de un pasado ficticio. ¿Dónde termina la reconstrucción científica y empieza la invención? La línea entre la herramienta de investigación y el generador de falsos históricos es delgada y depende totalmente del rigor y la transparencia humana detrás del proceso.

El futuro del creador: ¿ecfrasista o programador de prompts?

El perfil del creador se está hibridando. El nuevo «ecfrasista» podría ser un poeta que, en lugar de escribir un soneto sobre un cuadro, escribe un *prompt* tan rico y sugerente que la IA genera una obra visual derivada única. La habilidad ya no reside solo en la maestría del lenguaje poético, sino en la comprensión de cómo los modelos de lenguaje interpretan los descriptores y en la capacidad para guiar iterativamente el resultado. Surge una colaboración peculiar: la inteligencia artificial como un pincel infinitamente versátil, pero ciego, que requiere la mano y la visión de un artista humano para dirigirlo.

La autoría en la era del algoritmo colaborativo

Este cambio redefine la autoría. Si un novelista usa un modelo de lenguaje para generar descripciones ecfrásticas de lugares imaginarios que luego integra en su obra, ¿quién es el autor de esos pasajes? La respuesta no es binaria. Se está gestando un modelo de autoría distribuida o aumentada, donde el reconocimiento debe compartirse entre la intención y dirección humana y la herramienta algorítmica. En Europa, este debate es crucial para adaptar los marcos legales de propiedad intelectual, que actualmente no reconocen la autoría a las máquinas, pero deben aprender a proteger y atribuir correctamente el trabajo del humano que las orquesta.

Conclusión: Más allá del espejo inteligente

La comparación entre el ecfrasista y la inteligencia artificial generativa es más que un ejercicio retórico. Nos obliga a cuestionar la esencia de la creatividad y a discernir entre la mera generación de novedades y la creación de significado. La IA no reemplazará al poeta que contempla un cuadro y siente la necesidad de escribir, pero se está convirtiendo en una herramienta fundamental para amplificar, explorar y, sí, a veces simular, ese impulso creativo. El desafío para artistas, instituciones y sociedad es abrazar su potencial sin caer en el trampantojo de confundir la prodigiosa imitación con la auténtica expresión. La verdadera ecfrasis del futuro será aquella que, utilizando todas las herramientas a su disposición, incluida la IA, logre iluminar con nueva luz, humana y significativa, las obras del pasado y las visiones del futuro.

Fuente: Trampantojo: El ecfrasista y la inteligencia artificial generativa – EL PAÍS

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