La IA predice la ganadora de Miss Universo 2025 y el puesto de España

La inteligencia artificial generativa ha trascendido el ámbito de la creación de textos e imágenes para comenzar a inmiscuirse en terrenos tradicionalmente humanos, como la valoración de la belleza y la estética. Un reciente y peculiar experimento ha utilizado esta tecnología para predecir quién sería la ganadora del certamen Miss Universo 2025, generando un modelo de belleza «ideal» y asignando un puesto específico a España. Este fenómeno no es solo una curiosidad viral, sino un síntoma de una tendencia mayor: la creciente capacidad de los algoritmos para cuantificar y emitir juicios sobre atributos humanos que siempre se consideraron subjetivos. La pregunta que subyace es profunda: ¿estamos delegando nuestra percepción de la belleza a las máquinas?

El veredicto de la inteligencia artificial en los concursos de belleza

El experimento, que ha captado la atención del público, consistió en alimentar a un modelo de inteligencia artificial con datos históricos, fotografías de anteriores ganadoras y posiblemente parámetros de simetría facial y proporciones corporales reconocidos en estudios de estética. El resultado fue la generación de un rostro y un físico que el algoritmo determinó como el más probable para alzarse con la corona en 2025. Más allá del nombre o la nacionalidad concreta, lo significativo es el proceso. La IA no «siente» atracción o aprecio; calcula probabilidades basándose en patrones aprendidos de datos pasados. Esto revela que los certámenes de belleza, a menudo criticados o alabados por su subjetividad, podrían tener unos criterios de selección más estandarizados de lo que se cree, hasta el punto de ser predecibles por una máquina.

¿Cómo determina la belleza un algoritmo?

El mecanismo detrás de esta predicción se basa en el análisis de miles de puntos de datos. La inteligencia artificial es entrenada para identificar características comunes entre las ganadoras históricas, lo que puede incluir:

  • Relaciones específicas entre los rasgos faciales, como la distancia entre los ojos o la proporción de la nariz.
  • Patrones de colorimetría, como tonalidades de piel, cabello y ojos recurrentes.
  • Estructuras corporales y siluetas que han sido premiadas con mayor frecuencia en el pasado.
  • Estilos de vestimenta y poses que proyectan la «confianza» y «elegancia» valoradas en el concurso.

Al sintetizar esta información, la IA no crea un estándar nuevo, sino que refuerza y cuantifica el estándar existente, lo que abre un debate crucial sobre la perpetuación de ciertos cánones a través de la tecnología.

La posición de España según el análisis algorítmico

Uno de los aspectos que más interés ha despertado en el contexto español es el puesto que el modelo de IA asignó a la candidata de España. Aunque el experimento es especulativo, el hecho de que la tecnología sitúe a un país en una posición concreta basándose en un «prototipo» generado tiene implicaciones culturales. Si la IA analiza que el perfil español no se alinea con el de las ganadoras históricas, podría estar señalando, de manera fría y estadística, una desconexión entre el ideal de belleza local y el global promovido por el certamen. Esto nos obliga a reflexionar sobre la diversidad y si la inteligencia artificial, al ser entrenada con datos del pasado, está condenada a reproducir los sesgos de ese mismo pasado, ignorando la evolución y la riqueza de la belleza en diferentes regiones del mundo.

Impacto en la percepción pública y la industria

La publicación de estos resultados no es inocua. Tiene un efecto tangible en cómo el público percibe tanto el concurso como a las propias candidatas.

  • Puede generar expectativas poco realistas o presionar a las futuras participantes para que se ajusten a un modelo generado por una máquina.
  • Para las casas de moda, belleza y patrocinadores, estos datos se convierten en un insumo más para definir campañas y alianzas, basándose en lo que «predice» el mercado.
  • En el ámbito social, normaliza la idea de que la belleza puede ser codificada y optimizada, un concepto que choca frontalmente con los movimientos body-positive y de autoaceptación.

En Europa, y particularmente en España, donde existe una creciente regulación sobre el uso ético de la IA, este tipo de aplicaciones plantea cuestiones sobre los límites de su utilización en aspectos tan personales como la imagen corporal.

Los límites éticos de la inteligencia artificial en la estética

La incursión de la inteligencia artificial en la valoración estética nos sitúa ante una nueva frontera ética. La tecnología, en este caso, actúa como un espejo que refleja los sesgos de sus creadores y de los datos con los que se la entrena. Si históricamente Miss Universo ha premiado un tipo de belleza determinado, la IA aprenderá que ese es el único tipo de belleza válido para ganar. Esto crea un ciclo de retroalimentación peligroso: el algoritmo refuerza un estándar, y los organizadores del concurso, consciente o inconscientemente, podrían verse influenciados por él, perpetuando así un canon limitado. La herramienta, en lugar de ser neutral, se convierte en un actor que consolida un status quo estético.

¿Puede la IA comprender la belleza cultural?

La respuesta corta es no. La belleza es un constructo social, cultural e histórico profundamente complejo. Lo que se considera bello en una cultura puede no serlo en otra, y estos matices se escapan a la comprensión de un algoritmo. La IA puede identificar patrones, pero no puede entender el contexto histórico que llevó a una comunidad a valorar ciertos rasgos, ni la emoción y la identidad que una persona proyecta. Al reducir la belleza a una fórmula matemática, se pierde su esencia más humana: la conexión emocional, la historia personal y la diversidad que la hace única e irrepetible en cada individuo.

Conclusión: Más allá de la predicción de un concurso

El experimento que utiliza la inteligencia artificial para predecir la ganadora de Miss Universo 2025 es mucho más que un juego. Es un síntoma de la creciente capacidad de los algoritmos para cuantificar lo humano y, al hacerlo, un recordatorio de la urgente necesidad de desarrollar y utilizar estas herramientas con un marco ético sólido. En España y el resto de Europa, donde se debate la primera ley integral de IA, casos como este subrayan la importancia de regular no solo los usos de alto riesgo, sino también aquellos que, como la estética, impactan en la psique colectiva y en la percepción individual. La tecnología debe servir para ampliar nuestros horizontes, no para encajonar la belleza humana en un patrón algorítmico. La verdadera corona no debería decidirla un código, sino la rica y subjetiva experiencia humana.

Fuente: Esta es la ganadora de Miss Universo 2025, según la Inteligencia Artificial, y el puesto de España en la fi… – ABC

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